por jsalgatti » Dom, 15 Feb 2009 9:05 pm
Eduardo:
Respecto del Alfa, transcribo un art?culo escrito por Jul?an Afonso, en que relata la historia:
"Uno de los testimonios m?s famosos involucra al c?lebre Tazio Nuvolari, no porque el gran corredor italiano haya venido a Venezuela, sino porque decidi? dar un reconocimiento muy merecido a su mec?nico de confianza, Don Abele Cavicchioli (sus hijos viven en Venezuela y dirigen uno de los pocos talleres del pa?s especializados en Alfa Romeo) cuando este decidi? probar suerte en la tierra de gracia que para muchos europeos era la Venezuela de la inmediata posguerra. D?cese que Nuvolari habr?a decidido regalar a Don Abele uno de sus m?ticos autos de carrera, nada menos que un Alfa Romeo P2 que el mec?nico cuid? primorosamente y hasta hizo competir en ciertas carreras locales antes de confinarlo a un rinc?n de su incipiente taller. All? el polvo lo fue sepultando y tambi?n el olvido, seg?n el taller crec?a y con ?l aumentaban los quehaceres. Solo el viejo Abele sab?a qu? hab?a all? debajo, en lo que parec?a un oscuro mont?n de hierros; un tesoro para quien lo supiera valorar. En una de esas el veterano mec?nico, ya bastante entrado en a?os, fue invitado especial de Alfa Romeo a un Grand Prix de Italia y sus hijos (uno le acompa?? y otro se qued? en Caracas) aprovecharon para poner un poco de orden en el taller.
Uno de ellos, el que permaneci? en el pa?s, llam? al chatarrero para que sacara de all? todo el hierro guardado en aquel rinc?n y cuando Don Abele volvi? a Venezuela en vez de alegrarse, tal y como esperaba su hijo que lo hiciera tras el duro trabajo que represent? limpiar aquel rinc?n, casi se muere de la impresi?n. Fue entonces cuando sus dos hijos supieron que aquel amasijo de hierros que parec?a un tractor o una vetusta carreta con motor sin valor alguno, hecha por alg?n viejo herrero y cubierta con cuanta chatarra puede generarse en un taller al paso de los a?os, en realidad ocultaba lo que quedaba de un glorioso auto de carreras tripulado por el gran Nuvolari. El ?vecchio? Abele corri? a la fundici?n con la esperanza de recobrar su tesoro, pero ya este hab?a sucumbido al destino de la caldera. Con los a?os un coleccionista llegar? hasta all? preguntando por el auto y su incredulidad fue grande al conocer su ingrato destino."
Saludos
Jsalgatti